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Los chilenos de la revolución
Artilleros, combatientes, médicos, profesionales, todos internacionalistas, fueron los que se internaron en la selva de Nicaragua para apoyar la revolución del FSLN. Dos generaciones en la batalla: una contra los Somoza otra contra la CIA. Treinta años después revivimos algunas de las historias más arrojadas y combativas.
Por J. O. / L. N. / La Nación
19 de julio de 2009
Nueve de la noche, La Habana. Pese a que ya se había escondido el sol, el calor azotaba particularmente ese verano caribeño de 1979. Cerca de 60 chilenos de no más de 25 años de edad eperaban ansiosos, vestidos de campaña militar, en uno de los campamentos de "compartimentación" de Cuba.
La tensa espera se interrumpió con la llegada de varios autos de seguridad. "Viene Fidel", dijo uno de los militares. Los sesenta jóvenes fueron llevados a una sala y cerca de las diez, entró Fidel Castro. El Mandatario cubano tomó un trozo de tiza y dibujó un mapa en la pizarra. La perorata comenzó con un extenso análisis internacional y sobre América Latina. Se concentró en Nicaragua y en la ofensiva final del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). "En el Frente Sur se requieren artilleros. Hay que transformar la guerra de guerrillas en una guerra regular y eso ustedes lo saben hacer", enfatizó Fidel.
"Cuando el Mandatario salió de la sala todos nos pusimos firmes y al unísono nos pusimos a cantar la Internacional y el himno de Chile, fue muy emocionante", cuenta uno de los presentes, Patricio Estuardo o "Nibaldo".
La escena narra la salida del primer contingente de comunistas a la ofensiva final del FSLN para derrocar a Anastasio Somoza. Mientras, los cuadros del Partido Socialista también se preparaban, pero en el campamento de Pinar del Río o "punto cero".
Ambos contingentes fueron parte de la primera generación de militantes de la izquierda chilena que viajó al pequeño país centroamericano para integrarse, como combatientes internacionalistas, a las fuerzas del Frente.
Y es que tras el golpe de Estado que derrocó al Presidente Salvador Allende en 1973, se libró en casi todos los partidos de izquierda una discusión sobre lo que denominaron el "vacío histórico" chileno, en alusión a la falta de política militar de los partidos para enfrentar la violencia impuesta por la dictadura. Por eso, decidieron dar inicio a la tarea militar y enviar a parte de sus militantes a recibir instrucción. ¿La apuesta? Adquirir herramientas en contrainteligencia y nociones básicas de lucha armada para generar "acciones de desestabilización" en el país y provocar el fin de la dictadura. El sueño era formar una sociedad superior, con fuerzas armadas democráticas y populares.
Mientras algunos militantes fueron enviados a Europa Oriental a recibir instrucción militar, un gran contingente partió a Cuba. Aunque no hay una versión oficial, según las fuentes consultadas, es entre 1975 y 1976, que los cuadros chilenos comienzan a recibir formación regular en el Ejército cubano. Y si en el PS hubo una cuidadosa selección de quienes serían adiestrados, en el PC se partió por reclutar a los jóvenes becados para estudiar medicina.
Una vez formados y egresados como subtenientes, tenientes y capitanes, el plan de volver a Chile debió esperar y el mismísimo Fidel los envió en el ‘79 a combatir al Frente Sur de la guerrilla nicaragüense. Un poco antes unos 15 militantes del MIR que venían desde México, Costa Rica, Panamá y Venezuela entraban a Nicaragua.
La otra generación
"Lleguamos a Managua en agosto del ‘87. Hicimos un curso físico en la montaña y después estuvimos meses en los batallones de lucha irregular. Teníamos que adiestrar a los cachorros que generalmente eran analfabetos, si tú les decías ‘frente a la izquierda’ no sabían para donde ir. Les hablábamos de la importancia de defender la revolución", rememora Juan Soto (PC) quien dio cursos a los jóvenes campesinos nicaragüenses o "cachorros". "El Che", como le conocían sus compañeros, fue un combatiente de la segunda etapa de la lucha internacionalista chilena.
Esta vez, la batalla era contra las bandas financiadas por la CIA y que venían de Honduras. Militantes comunistas y socialistas combatieron a la contrarrevolución en los batallones de lucha irregular o BLI. "Una de las cosas que te enseñan en un principio es que el fusil va contigo hasta para ir al water y eso es cierto, el fusil era como andar con un dedo o un ojo más", agrega Esteban, uno de los alumnos chilenos del "Che".
Uno de los búlgaros, llamado así por su formación militar en Bulgaria, fue César Quiroz (PC). "En el 86 llegué a Nicaragua y con un grupo de oficiales prestábamos todo el apoyo a los combatientes. Me tocó enfrentar la muerte de dos muchachos militantes de la Jota. Los enterré y cumplí con la triste tarea de comunicarle a los familiares, creo que fue lo más difícil que me tocó hacer", explica.
Pero el internacionalismo de los chilenos no sólo se dio en la batalla, también de profesionales que colaboraron con la reconstrucción del Estado. Roberto Pizarro, tenía 36 años, cuando, desde Inglaterra, partió a Nicaragua para apoyar al Ministerio de Comercio y de Planificación. "La primera tarea a la cual nos abocamos fue a reducir la hiperinflación, consecuencia del inmenso gasto público de la guerra y el bloqueo comercial por parte de EEUU", señala el economista y encargado programático de la campaña de Jorge Arrate.
Pizarro trabajó entre 1981 y 1990 en el gobierno, durante el cual también debió efectuar labores de vigilancia armada, "porque los atentados estaban a la orden del día y la intervención de EEUU se notaba mucho".
En el caso del MIR, tras el triunfo, unos seis militantes apoyaron las comunicaciones y la logística en Palo Alto, base del mando unificado, a cargo de Humberto Ortega.
Aquí, un puñado de valientes historias de chilenos que estuvieron apoyando la batalla o el gobierno de la revolución sandinista. //LND
Etiel Moraga: De tanquista a sindicalista
Aún no cumplía 20 años cuando tuvo que partir al exilio. También se fue a Cuba y se formó como oficial, con especialidad de tanquista. A los 25 años, en 1979 partió con el resto de los chilenos a combatir en el Frente Sur. “Con nuestro profesionalismo aportamos a la capacidad de enfrentar a fuerzas regulares y con esa experiencia pudimos alterar el orden entre la guerrilla nicaragüense y la guardia somozista de la dictadura militar”.
Tras el triunfo, ayudó a formar un batallón blindado (foto superior) y combatió hasta 1985 a la Contra. Siempre tuvo en mente que todo serviría para el principal objetivo: “Conformar un futuro ejército en Chile, pensando que Pinochet se iría de otra manera y no de esta forma pactada”.
Moraga está orgulloso y dice que su actual condición de dirigente sindical se debe a que “esa experiencia militar me sirvió en los estudios y capacitación política que adquirí, la formación profesional como cuadro político fue lo que me llevó a desarrollar mi labor como dirigente sindical”.
Maggie Alarcón
Fundadora de Cofadeco, Comité de Familiares Caídos por la Libertad de América Latina, Maggie Alarcón cuenta su testimonio.
“Toda mi familia estaba vinculada al PC y con el golpe nos fuimos al exilio, a Irlanda. Mi hermano Volodia tenía apenas seis años, pero allá entró a la Jota. Algunos jóvenes fueron seleccionados para ir a Nicaragua. Un día mi mamá me llamó llorando y me dijo el “Pelé” se va. En 1986, a los 17 años, partió a Cuba a prepararse militarmente. Un día de 1989 llegaron dos compañeros a casa de mis padres a decir que había muerto. Para la familia fue caótico, terrible. Creo que aún no los superamos. En 1991 me vine a Chile, porque sentía que tenía que hacer algo por mi hermano. Comenzamos a contactar a familiares de otros combatientes de Nicaragua y Salvador, el objetivo era repatriar los cuerpos de los caídos. Yo sabía que mi hermano quería estar junto a sus otros compañeros, entonces debía traerlos a todos.
Viajé a El Salvador junto a la madre de otro caído a fines del ‘92. La embajada nos proveyó de un helicóptero. Allá exhumamos cuatro personas y las trajimos el 94, mi hermano fue el último en llegar. Más tarde, y a través de trabajos voluntarios, hicimos el mausoleo para los caídos en el Cementerio General”.
Volodia Alarcón, tras combatir en Nicaragua, continúo en El Salvador. Murió en una emboscada una día antes de cumplir los 21 años, el 2 de de junio de 1989.
Herminia Concha: Quería un tanque
No fue por la bala de un fusil ni la explosión de una granada en medio de la selva. Lo que terminó con la vida de Herminia Concha Gálvez (70) fue un bus de la locomoción colectiva que la atropelló y la dejó agonizando en Santiago, hace dos semanas. Hace 30 años, esta pobladora de La Pincoya y dirigente poblacional del MIR, vestía uniforme verde-olivo. Orgullosa entregaba un tractor al gobierno del FSLN, conseguido en una colecta realizada por ella misma en Suecia, donde vivió parte de su exilio. Originalmente, ella quería comprar un tanque, y lo cambió por la otra máquina, porque mientras realizaba esta empresa, el 19 de julio de 1979 triunfó la revolución en Nicaragua.
La mujer era, probablemente, una de las dirigentes poblacionales más respetadas. Después de fundar el Movimiento de Pobladores Revolucionaros, base del MIR, partió al exilio en Suecia. Desde allá se fue a Managua para combatir a la Contra. Una vez que se levantó su prohibición para ingresar al país, regresó convencida de llevar la misma lucha en Chile.