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El retorno de los gorilas
(¿Alguna vez se fueron?)
Zoología y política en la Argentina contemporánea
Por Raúl Isman
Docente. Escritor
Miembro del Consejo Editorial de la Revista Desafíos
Colaborador habitual del periódico socialista El Ideal
Director de la revista Electrónica Redacción popular
raulisman@yahoo.com.ar
www.geocities.com/raulisman
"El peronismo sigue siendo la opción
preferencial de los pobres."
Javier Auyero, Ensayista Argentino.
… durante los noventa (con Menem) se produce una subordinación de la política a la economía, Perón ( siempre) va a subordinar la economía a la política. Para Perón, la economía sólo existe en tanto es orientada por un proyecto nacional. Si hay política hay economía. Si no hay política, la que se adueña de todo es la economía. Y como la economía la dominan los países centrales, las metrópolis, son ellos los que se adueñan del país cuando el país carece de un proyecto político que los enfrente. ¿Que requiere un proyecto político que haga de la economía uno de los resortes, pero no su fundamento? Requiere un Estado fuerte. Un Estado que no se someta a los arbitrios de las empresas. Si gobiernan las empresas, gobierna el "libre mercado". No hay mercado libre. El mercado es de los oligopolios. El mercado no distribuye, concentra. Si el poder insiste tanto en la libertad de mercado es porque sabe que ésa es la libertad de las empresas.
José Pablo Feinman. Ensayista Argentino.
Introducción
El acuerdo alcanzado por el ex presidente Néstor Carlos Kirchner y su antiguo Ministro de Economía (el primero de su gestión) y ex contendiente político Roberto Lavagna para incorporar al último de los mencionados al proyectado reordenamiento del Partido Justicialista (P.J), reactualizó, según el primer presidente de la democracia recuperada, el radical Raúl Ricardo Alfonsín, "un gorilismo rabioso", situación que, "dividió hace muchos años a las familias argentinas". (Diario Página 12 del 5/02/08). En realidad y en rigor a la mas estricta verdad, semejante fraccionamiento no puede deberse a causas catastrófico-naturales; si no más bien a circunstancias sociales y culturales que analizaremos con cierto detenimiento en el artículo presente, tanto en su origen histórico como en sus implicancias actuales.Por cierto que la intencionalidad humana no puede hallarse ausente en la existencia de las referidas miradas animales acerca del país y de su pueblo. Para decirlo de modo simple y tautológico: si existe gorilismo es porqué hay gorilas. De modo que en el texto siguiente será tratada la desgraciada vigencia de un modo de leer la realidad social y política argentina (curiosamente) zoológico, intentando destacar lo contraproducente que resulta semejante mirada para que el pueblo argentino pudiere acometer sus tareas decisivas.
Pero a decir verdad, el gorilismo no ha vuelto, ya que nunca dejó de estar instalado en el paisaje político nacional desde aquel ya lejano 1945 que señaló el nacimiento del peronismo. A comienzos de la década del '70, por ejemplo, se vio acotado por haberse verificado un cierto proceso de convergencia de jóvenes provenientes de las capas medias con el movimiento nacional. O en la última elección nacional se agravó. Por de pronto, partiremos de una definición mínima del concepto y de sus orígenes históricos- tanto en nuestro país como en otras latitudes, en la época contemporánea y en la propia antigüedad- para luego concentrarnos en las implicancias actuales de la problemática señalada. A modo de intermezzo humorístico serán vistas a vuelo de pájaro algunas circunstancias cómicas de la referida categoría zoológico-política.
Por cierto, tal vez resulte necesario decirlo de modo explícito, pero las notas presentes funcionan también a modo de autocrítica, ya que el autor ha sido participe de posiciones gorilas durante no pocos años de su vida consciente.
Hacia una definición del gorilismo y un breve recorrido por sus raíces históricas
Curiosamente o no, el término gorila designa dos realidades con ciertos matices diferenciales, ya que es diferente relativamente el significado en la Argentina; por un lado; y en el resto de nuestra América, por el otro. Si en el subcontinente designa prácticas y sujetos marcadamente derechistas, conservadores y reaccionarios; en el país del asado, el mate, el dulce de leche y el tango denomina más específicamente a aquellos opositores cerriles al peronismo. Y ciertamente que en tal posición, existen individuos, fuerzas sociales y agrupamientos políticos de derecha, centro o izquierda. Por otra parte, lo análogo ocurre en el la fuerza creada por Perón. De modo que en lo inmediato el problema que nos aparece- y para peor, hacerlo mucho más complejo- es el hecho que la etiqueta de peronista no define nada muy preciso en términos de contenido. En efecto, en el pasado fueron integrantes del referido movimiento criminales fascistas como José López Rega (secretario privado del jefe, y ministro en su último gobierno por añadidura), burócratas sindicales que traicionaron a su clase (ejemplos innumerables, por no decir infinitos) u opuestamente; abnegados militantes como Gustavo Rearte o Envar El Kadri, por citar nada más que dos compañeros ya fallecidos. En honor a la verdad la lista de peronistas entregados a la causa popular es, por cierto, más extensa que la que conforman quienes la han traicionado. En nuestros tiempos las cosas no son muy diferentes. Integran la incandescente formación política Carlos Saúl Menem- rematador al peor postor del patrimonio nacional y gestor incansable e implacable de la disgregación nacional- y Luís Abelardo Patti, torturador confeso y asesino a sangre fría de militantes populares; por mencionar sólo dos ejemplos. Mientras tanto ya se ha dicho que en el mismo movimiento transitan luchadores, referentes populares, dirigentes gremiales y políticos e integrantes de movimientos sociales cuyas trayectorias ético-políticas están más allá de todo cuestionamiento. Por lo tanto, al no decir nada sustancial en términos de contenidos definitorios y sustantivos la sola mención de la palabra peronista, el concepto de gorila caería por carecer de objeto referencial por oposición. Pero no nos apuremos. Tanto el general Juan Perón, antaño; como Néstor Kirchner, en estos tiempos, reciben las críticas de los sectores gorilas en razón, no de sus indudables errores y defectos, que sin dudas los tienen o han adolecido de ellos. Más bien los ditirambos se originaron en el hecho que- aún con limitaciones, errores, desviaciones e inconsecuencias- ambos mandatarios mantuvieron a grandes rasgos un rumbo favorable a la independencia nacional y beneficiaron al pueblo de modo evidente, concreto e irrefutable. De manera que por obvia decantación hemos arribado a una primer y mínima definición del remanido concepto de gorilismo: se trata de una oposición cerril y sin concesiones que se realiza epidérmicamente contra el peronismo; y más profundamente contra la autonomía nacional y la mejoría en las condiciones de vida de los sectores populares; que durante ciertos gobiernos peronistas (no todos; por cierto que el decenio de Menem es claramente la excepción) se impulsó. La mejor demostración que el verdadero oponente del gorilismo es el mejor peronismo resulta del hecho que el riojano de la triste fama no recibió críticas por parte de la poblada fauna de primates que puebla el escenario socio-político argentino. Si se trataba de destruir la obra mejor de Perón (un país industrial con un fuerte grado de integración social y un estado con variedad de herramientas y decisiva capacidad de intervención a favor de los sectores populares) póngidos de diverso pelaje podían tolerar la liturgia peronista; escudo, retrato de ambos fundadores, bombos y marcha incluidos. Otro tanto ocurría en tiempos de las tres A (1973-1976). Si se trataba de matar militantes populares (entre ellos, muchos peronistas) la primitiva derecha argentina disminuía su antiperonismo visceral. El colmo del gorilismo pétreo facial lo configuraba el capitán ingeniero Álvaro Alzogaray, quién reivindicaba explícitamente el riojano-peronismo de Menem, diferenciándolo de la creación del general muerto en 1974. Al mismo tiempo, su bufón, el periodista al servicio de las peores causas Bernardo Neustadt, cerraba el círculo de la aceptación del (neo)peronismo menemista afirmando que el riojano era "alto, rubio y de ojos celestes", dando el condigno cierre racista para la operación de bienvenida, por parte de sus enemigos históricos, de la lectura o versión Anillaco de la fuerza creada por Perón. Tal vez los lectores de nuestra América no estén habituados ya al retrato de Menem, pero nunca fue alto ni siquiera con botas de largos tacos y parece tan rubio como un zulú, pese a los diversos tratamientos para recomponer su figura y cabellera.
Más adelante analizaremos más detalladamente la cuestión de la operatoria del discurso gorila, así como distinguiremos entre creadores de los contenidos goriloides (los sectores dominantes) y quienes resultan seducidos por el mismo; básicamente los sectores medios, entre los cuales halla sus mayores difusores. Antes de avanzar, realizaremos un somero recorrido por la historia del término.
Los antecedentes más remotos del gorilismo- una suerte de protogorileidad- deben ser buscados en la experiencia de más de cinco milenios de historia escrita. Observando, con mirada entre curiosa y crítica, semejante archivo inagotable de experiencias aleccionadoras podemos decir que toda clase dominante se afirma como tal en ciertas circunstancias del imaginario social; tales como un discurso caracterizado por una (auto) conciencia de su condición de elite superior y fundando su dominio en razones raciales, económicas, sociales, culturales, educacionales, religiosas o del orden que fuere. Tal relato parte del génesis de su existencia, en el cual fundamenta su dominio; para llegar a los tiempos contemporáneos en los que debe servir para legitimar su supremacía. Además, dicha circunstancia opera simultáneamente manteniendo su cohesión interna, como afirmando la desigualdad jerárquica hacia el resto de la sociedad. Por cierto que un mecanismo fundamental reside en introyectar a sus dominados la naturalización de semejante división. En la antigüedad, tal "superioridad" los lleva a considerarse verdaderos dioses (faraones egipcios o nobles de algunas polis griegas) por oposición a los sectores subalternos que no podían "trascender" la condición humana; y, por lo tanto, estaban obligados por deberes sacros a la obediencia.
Similar es el desempeño en tiempos medievales de la Iglesia Católica. Por cierto que, en su condición de fuente de legitimidad del orden social, el discurso religioso tenía la finalidad de fundamentar y argumentar a favor de la terrible desigualdad característica de aquellos tiempos. El respeto al feudalismo era difundido por los clérigos como inspirado por la propia divinidad. En todo análogo es el desempeño de los tonsurados en lo relativo a enmascarar la ausencia de derechos político-electorales de las masas bajo la formula de soberanía de Cristo; opuesta por entero en su visión a la voluntad popular (con la cual las masas combatieron por sus referidos derechos políticos), desde la revolución francesa hasta muy avanzado el siglo XX. Las formas electivas democráticas se impusieron de modo casi inevitable en casi todo el orbe y sólo así fueron aceptadas (a regañadientes) por Papas, obispos, cardenales, curas y burgueses. A modo de conclusión podemos afirmar que la raíz histórica del gorilismo- más allá de nuestras fronteras- no es otro que la creación, difusión, legitimación y naturalización de discursos que expresan el punto de vista de los sectores dominantes; que, en toda sociedad, basan su poder en desigualdades del orden que fueren.
En nuestra Argentina, el moderno gorilismo nació por reacción derechista al movimiento gestado por el General Juan Domingo Perón; fuerza que apareció sensiblemente el día décimo séptimo de octubre del año 1945. Pero también tiene su prehistoria. Los exaltados llamados de Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi para reemplazar la población autóctona por "civilizados" europeos- agravados en el caso del sanjuanino por sus apasionadas apologías del genocidio realizado contra los gauchos- perfectamente pueden ser encuadrados como primitivos jalones en la construcción de un discurso gorila argentino. También el juego entre burlón y despectivo implementado por la oligarquía al interpelar a los inmigrantes- denominado "titeo" por el escritor David Viñas- y el posterior desprecio por la "chusma" (nombre despectivo dirigido a las masas populares) radical son sucesivos momentos en la edificación señalada. Su faz sangrienta apareció durante la semana trágica de 1919, episodio en el cual el término judío resulto prácticamente equivalente a comunista, ácrata o maximalista. Pero- como ya habíamos dicho- el punto de partida del moderno gorilismo nacional lo configuran las trasformaciones económicas, sociales, culturales y políticas operadas por el Peronismo, aún antes del advenimiento a la presidencia del general socarrón.
Independientemente de los múltiples y polifónicos balances que pueden hacerse de más de medio siglo de la Argentina bajo la galaxia peronista, lo cierto es que el furor mayor de la gorilería se debe a que el movimiento emergido hacia fines de la segunda guerra mundial le permitió a los explotados, oprimidos, humillados y ofendidos de nuestro país tomar conciencia que podían agruparse colectivamente e interpelar colectivamente al estado para mejorar su condición social; es decir, para alcanzar un más alto nivel de vida. El vocablo conciencia lo usamos en sentido lato (representación del mundo; en el caso del justicialismo la oposición pueblo-oligarquía), no en su connotación marxista. Esta última exige por cierto la formulación de proyectos políticos anticapitalistas. Y el peronismo sólo trascendió el orden burgués en la visión (imaginaria) de los jóvenes de los años '70, básicamente pero nadie puede adjudicarle con seriedad y rigor científico semejante perspectiva ni al fundador ni a las grandes masas.
Las mujeres solas provenientes del interior del país (empleadas centralmente en el servicio doméstico), los trabajadores agrarios y campesinos, los nuevos inmigrantes internos ubicados en los puestos menos calificados y no industriales y los obreros manufactureros (el corazón del nuevo movimiento o- en palabras peronistas- la columna vertebral y que se habían fortalecido socialmente con el crecimiento de la producción de bienes secundarios operada desde 1935) se sumaron al peronismo naciente, en razón que les permitía reclamar de modo colectivo, superando la atomización individual, en la que el poderoso siempre lleva las de ganar. El carácter militar y paternalista del líder no altera el hecho que las masas populares obtuvieron beneficios inéditos y las opciones que se les ofrecían eran el retorno a la desfavorable situación previa… o la revolución social. De modo que el eje conceptual decisivo fue denominado en el discurso peronista como justicia social y, desde entonces, enriqueció la tradición jurídica argentina con los derechos sociales. Pero más importante que los formalismos jurídicos fue que se aseguró su vigencia práct6ica, efectiva y real. El pueblo trabajador interpelaba al estado y este le garantizaba derechos que no gozaban por aquellos tiempos símiles del primer mundo. La independencia económica (más un mito que algo real; en rigor corresponde hablar de autonomía) y la soberanía política (un concepto sustantivo de la democracia) completan las tres banderas históricas del peronismo. Frente a ellas se edificó el discurso gorila como lamento de los privilegios perdidos por las fuerzas dominantes. Si los dueños de estancia añoraban los tiempos en que acallaban a rebenque o metralla los reclamos de los peones por mejorías mínimas en las condiciones de trabajo y de vida (que no convirtieran la dignidad en un horizonte inalcanzable); las señoras (gordas) de su casa- sean aristócratas o de clase media- sentían ofuscada repulsión por sus mucamas que exigían días de descanso o incrementos salariales entre otras reivindicaciones. La ofuscación no dejaba afuera a empresarios molestos por el control sindical sobre el funcionamiento cotidiano y- por ende- la productividad de las empresas. La narrativa goriloide servía para articular semejante coalición, integrada también por enormes sectores de las clases medias comerciales, intelectuales, profesionales y burocráticas. Y en rigor a la verdad, el peronismo se mostró- durante el período 1945-1955- bastante torpe e inhábil para rescatar sectores pequeño burgueses de la dependencia cultural hacia la oligarquía y sumarlos al frente nacional. De ese modo no lograba capitalizar políticamente la indudable mejoría económica que había logrado también para las capas medias.
El contenido tumultuoso, movilizador y plebeyo del peronismo- que resultó el fundamento social para muchas de sus mejores transformaciones- tuvo aristas, implicancias y consecuencias muy ricas en contenido que podemos sintetizar con tres frases.
a) La economía resultó subordinada a la política a través de las tres banderas históricas del peronismo.
b) Los beneficiarios centrales de la obra del primer peronismo eran los trabajadores industriales, los sectores más pobres; el pueblo en general. Se trata de mejorías en sus condiciones de vida material, no en una marcha hacia el socialismo; en todo ajena al conglomerado fundado por Perón; salvo para algunos núcleos de avanzada peronistas.
c) Oponerse a semejante política (gorilismo) era, sin dudas, oponerse al pueblo. Por cierto que no era menester practicar el seguidísimo acrílico. Pero para no ser gorila era preciso formular un proyecto que contuviese los beneficios ya logrados y avanzase desde allí, no para afirmar la oposición gorilmente cerril, si no en la perspectiva de un programa de transformaciones más profundas. No decimos que ello fuese posible, si no que enunciamos la condiciones para una oposición no peronista que no fuese teledirigida por los antipopulares cenáculos gorilas. Concluyendo, el hecho que colaborasen diversos sectores de izquierda con la difusión del discurso gorila no lo hace menos reaccionario. Por el contrario, arroja a dichas fuerzas al campo de los adversarios del pueblo, más allá de la abnegación y loables intenciones de su militancia.
Gorilas en Las tinieblas posmodernas
(Intermezzo giocoso)
Nunca está de más desplegar algo del sentido lúdico que le confiere- por vía del humor- una dosis de alegría a todas las cuestiones, por complejas, tristes o desgraciadas que pudieren parecer. A tan loables fines se halla destinado el apartado presente que funciona a modo de instancia de relax entre medio de dos apartados dedicados a una reflexión más seria que juguetona.
La mitología antigua es pródiga en extrañas criaturas o figuras, mixtura muchas veces caprichosa entre diversas bestias y la más sofisticada de todas: el ser humano. Así, un centauro es una cruza de caballo con cuello y cabeza de hombre y un minotauro lo propio que el anterior con un toro; fruto, por añadidura, de una relación entre una bella mujer llamada Pasifae y un ejemplar toruno- al decir de la leyenda- de portentosas dimensiones. El motivo del extraño acoplamiento no era alguna veleidad o pretensión femenina, sino una afrenta sufrida por las divinidades que obligaban a entregar en tributo la vida de jóvenes cretenses hasta que el (¿horrible?) monstruo fue liquidado por el héroe Teseo.
En la Argentina carecemos de Partenón y demás monumentos, de olímpico panteón teologal propio y de una identidad raigal varias veces milenaria. Tampoco fuimos el origen de la dramaturgia universal, aunque supimos cultivarla. No obstante, no nos faltan zoomaquías (creaciones animales) extrañas ni mitologías exuberantes, que, al menos, en diversión no tienen nada que envidiar a las más antiguas. Si la divinidad bíblica creó al humano "a su imagen y semejanza", ¿Por qué no creer en el origen divino del Carriotauro, mezcla entre risueña y monstruosa de hipopótamo y gorila, que circula por cuanto micrófono mássmediático se abre (a su boca)? El poco agraciado adefesio enhebra permanentemente las cuentas de un rosariode frente a las cámaras, vinculando de ese modo su origen con la propia divinidad. De lengua larga, falsa, embustera, filosa y envenenada y tan bronceado por el oriemte punteño como por lámparas porteñas, el citado esperpento asume su papel- a mitad de camino entre lo ridículo y lo operísitico- por diversos espacios comunicacionales desarrollando invariablemente la política del imperialismo. En la medida que lo último recién dicho es una cuestión por demás seria, los fundamentos de nuestras afirmaciones serán desarrolladas en el apartado siguiente.
Otro engendro resultado de cruzas zoológicas es el grondonatauro; en este caso, combinación de gorila con águila imperial. El padre de la monstruosa criatura no es el eterno y sempiterno presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (A.F.A), si no un periodista de trayectoria casi consecuente al servicio de los enemigos de nuestro pueblo: apoyó todos los golpes de estado ocurridos en la historia argentina entre 1955 y 1976, fue ideólogo de los mismos y pidió que ilegalmente fueran movilizadas tropas militares para reprimir saqueos por el hambre en 1989, entre otros desaguisados Habitualmente jeringosea más en latín y griego que en nuestra lengua, pero de todos modos queda absolutamente claro su incondicional alineación con la política de los E.E.U.U.. El grondonatauro regentea un pasquín televisivo en un canal de cables de la peor derecha y se permitió cerrar un programa pidiendo la muerte del comandante Hugo Chávez, líder de la revolución bolivariana. Tal es la apología de la vida propia de los sectores reaccionarios. Desde la T.V y en zoológico dúo suele presentar a su hermano gemelo de padres distintos, el carriotauro, quien mirando fijo a cámara predica una cruzada contra el poder, según el citado engendro constituido casi en exclusividad por Kirchner. Los grandes consorcios transnacionales, empresas capital intensivo internas, beneficiarios de privatizaciones y oligarcas agrarios- el verdadero poder- seguramente deben reírse internamente de tamaña e irreal caracterización tan funcional a los intereses de las fuerzas del privilegio. Así queda claro que la función de ambos esperpentos es ocultar a la percepción pública quines son los verdaderos dueños de los recursos y responsables de los infortunios de nuestro pueblo. Pero no deberían engañarse. Las elecciones del 28 de octubre demostraron que 45 % de los votantes no presta atención ya a tamañas incongruencias.
Por otra parte, ¿Cómo no conferirle connotación mitológica (y zoológica) a la división operada en la política argentina desde la aparición del peronismo? Si los peronistas resumen- tal vez con excesiva simpleza- toda oposición al movimiento también llamado justicialista con el mote de gorila; los antiperonistas no resultan menos esquemáticos al sintetizar la condición justicialista bajo el zoológico mote de monos adjudicado a los seguidores de Perón, con evidente connotación entre biologista y racista. De tal modo que en la Argentina se habría superado la "mítica" lucha de clases- verdadero motor de la historia, según Marx- reemplazada por un (ahistórico) enfrentamiento entre bárbaro y zoológico entre diversas escalas de primates: por decirlo de manera por demás simple monos contra gorilas. Tal vez un prurito intelectual y académico nos impida ver que ambas corrientes con semejante construcción intelectual le brindan un servicio sin par a la nación argentina. Es que al ser tales enfrentamientos propios de sus nomenklaturas zooformes, la auténtica argentinidad queda a salvo de luchas fraticidas e impoluta de cara a la construcción de una sociedad sin enfrentamientos: en rigor, una imagen por fuera de toda realidad, una verdadera palangana irrealizable e inexistente. Es que digámoslo de modo explícito por si no se entendió: no existe sociedad por fuera del conflicto, el hecho que en la Argentina los enfrentamientos se expresen- también- de semejante modo humorístico y zoológico no le quita su condición necesaria e inevitable.
Los diarios del 14 de febrero de 2008 traen una nueva vuelta de tuerca con relación a lo que podemos llamar ya- ironizando ligeramente acerca de la biopolítica según Tony Negro- la zoopolítica. La coalición cívica (en rigor, cínica) llamó perros a los integrantes del gobierno nacional, textualmente "una jauría desbocada que pretende acallar y encarcelar a la líder de la oposición". Por cierto que lo peor que podría hacer el gobierno es acallar a un personaje que cada vez que abre la boca da testimonio de su grotesca incapacidad para construir política de masas, que incluyera a los sectores populares. Por su parte, el Ministro de Justicia, Aníbal Fernández, refiriéndose a la doctora Carrió declaró que "La señora no tiene los patitos en fila". (Pagina 12 de la fecha citada). Es conocido el proverbio criollo que afirma del pato criollo que " a cada paso, una cagada". Aromáticos efluvios que- en el caso del carriotauro- provienen más bien de vía oral que de disímiles procedencias. Por fortuna existen muchas especies zoológicas que aún no han sido convocadas para ocupar su sitial en el escenario político y social en nuestro país, pero al ritmo que vamos deberán ser utilizados hasta los nombres de las variedades unicelulares profusamente inventariadas por la ciencia biológica.
No podemos finiquitar este intermezzo giocosso sin hacer mención a la literatura (oral) épica de connotaciones míticas. Los (antiguos) relatos mitológicos argentinos- igual que sus congéneres del mundo mesopotámico y mediterráneo- se originan en primera instancia en circunstancias bélicas, resaltando el protagonismo del héroe combativo y combatiente. Pese a no revestir similar añosidad y riqueza en hechos bélicos, nuestro acervo no deja de ser sumamente rico. Pero por razones de espacio, haremos mención a sólo dos de sus historias. En nuestro país, dichas narraciones se entrelazan con la lucha ya señalada entre monos y gorilas. Pero las circunstancias en las que se desenvuelve, además de dantescamente heroicas, muestran un raro matiz de comicidad, relacionada- por añadidura- con circunstancias derivadas de los placeres sexuales. Por lo tanto, en muchas ocasiones, el campo de batalla es más bien furtivo, desarrollándose las diversas escenas en albergues transitorios (hoteles para parejas), más que en viriles y sangrientos campos de Marte. Pero semejante cambio de espacio territorial no le quita ánimo ni enjundia guerrera a la encomiable e indudable heroicidad de los personajes involucrados.
Cuenta una leyenda que una dama se presenta frente a su ginecólogo quejándose de su condición de virgen, pese a los tres matrimonios en su haber que había acumulado a lo largo de más de cinco décadas en este valle de lágrimas. Preguntada acerca de tan extrañas circunstancias, la dama respondió que su primer esposo fue un FREPASISTA (progresista), tras lo cual lo definió como "pura lengua". En segundas nupcias, casose con un radical, "cuado están arriba no saben lo que hacer", quejose amargamente nuestra dama de los lamentos. Finalmente, en su tercer esponsal, la intacta esposa debió resignarse a que el conyugue, un peronista, le "rompiese el culo una y otra vez", determinando así de modo casi definitivo su poco satisfactorio estado. La apología del pragmatismo y la pura efectividad a cualquier costo subyacente en el relato (ética de los fines, más que de los procedimientos) hace que pueda ser catalogado como para o filo peronista. Por lo cual cerraremos el apartado con una leyenda gorila y tornaremos a la puntillosa seriedad de nuestros análisis.
Hace ya un cierto tiempo medianamente indeterminado, un gobierno peronista se debatía en una crisis que habría de finalizar con una infausta asonada militar. Un ministro- agotado luego de una auténtica sucesión de reuniones tan áridas como estériles- decide convidar a su secretaria a unas horas de relax en un célebre albergue que fuera escenario de diversos filmes en la celebrada industria cinematografía nacional. La cosa no iba mal hasta que el funcionario se sintió con deseos de emular a Bill Clinton, pero antes del tiempo en que las andanzas clintoneanas fuesen famosas y celebradas por los medios de comunicación de todo el orbe globalizado. Por desgracia (para él), el hombre no reparó en que la joven amanuense padecía epilepsia y, para peor, sufrió un ataque en el preciso momento en que- entre eficiente y gozosa- daba cumplimiento a la orden ministerial. Los labios cálidos quedaron en segundo plano con relación a una pirañezca dentadura que seccionó el miembro del sorprendido funcionario del ejecutivo. La leyenda cuenta con dos finales (uno gorilón, el otro peronista) que transcribiremos de modo provisional para ser lo más fieles posibles a una veracidad histórica, que no ha sido aún comprobada de modo científico. La versión antiperonista dice que el hombre salió disparado por los pasillos a los gritos y llorando. Logró salvarse de la muerte porqué entraban al mítico establecimiento un médico y una enfermera con ambulacia incluida. Los profesionales de la salud- en obvio cumplimiento de las obligaciones emergentes en el juramento hipocrático- dejaron el placer para más adelante y suturaron la copiosa hemorragia trasladando al accidentado al nosocomio del cual habían partido. Allí no pudo realizársele una operación similar a la de John Bobbit, en razón que (por aquellos tiempos) tal técnica quirúrgica no pasaba de ser producto de algunas imaginaciones afiebradas. Por otra parte, no fue hallado el trozo que faltaba. O- agregarían ciertos cronistas divertidos- lo que faltaba del trozo. El relato peronista del suceso muestra un costado nacional-machista del cual el justicialismo no ha querido abjurar del todo, pese a los indudables avances del género femenino, actual presidente mujer incluida. No es preciso recordar que, aún anciano, el líder era llamado "el macho" por millones de seguidores y seguidoras. Sintetizando el desenlace, el mutilado, presa de furor incontenible por su hombría mancillada (¿o masticada?), pretendió asesinar a la epiléptica por medio de golpes de muñón en la cabeza, luego de haber salido ambos por los pasillos. Empero fue contenido por personal de establecimiento y algunos pasajeros que colaboraron en la difícil y temeraria acción. Piadoso telón.
Las diversas finalidades y objetivos de la maniobra para el proyecto nacional
Volvamos al punto de partida del presente texto: el acuerdo Kirchner-Lavagna, que a más de dos semanas de anunciado sigue dando que hablar a periodistas y referentes (berretas) de la oposición política. De hecho se trata del acontecimiento más significativo de la política argentina en lo que va del 2008 y luego de las presidenciales del 2007. Por otra parte, no es que sea criticable en si mismo ser opositor; por el contrario, resulta factible no seguir al gobierno y ser parte de los espacios nacionales, revolucionarios y progresistas. Las distintas vías para la lograr una sociedad integrada y/o una trasformación social profunda pueden ser ciertamente complejas y diversas. Pero lo verdaderamente deleznable es el contenido insalvablemente antipopular y antinacional con que se posicionan en la arena pública la inmensa mayoría de los dirigentes refractarios al proyecto K. O dicho de otra manera, para avalar soluciones, democráticas, progresistas y revolucionarias no es preciso- ni mucho menos- ser peronista o parte del armado gubernamental. Pero seguramente el rabioso gorilismo coloca a quines crean, difundan o legitimen semejantes narraciones en el póngido campo de los enemigos del pueblo; por decirlo al modo de del célebre dramaturgo noruego Henrik Ibsen.
Por parte del ex presidente Kirchner la movida de presidir el P.J. y de incorporar a Lavagna al armado tiene varias lecturas. Algunas son las siguientes:
1) Colocar de parte del proyecto conducido por el matrimonio político más triunfador del orbe a la única fuerza partidaria de verdadero alcance nacional: el peronismo conocido en el país y el orbe entero por su sigla partidaria, P,J.. Tal como decíamos hace un año: "sin auxilio del peronismo, el país es ingobernable. Gestionando la cosa pública con el justicialismo, la realidad social es muy difícil de modificar en favor del pueblo. De modo que el andamiaje pejotista es un salvavidas de plomo para el presidente. De allí que el primer mandatario se ve necesitado de acuerdos (necesariamente precarios) con los caciques territoriales peronistas y se halle en segundo plano la construcción de una fuerza que apoye su proyecto político desde la propia convicción e identidad.. Se trata entonces de darle mayor institucionalidad y organicidad al armado precario del que hablábamos hace un año. Para mayor desarrollo y consultar todo el texto ver nuestro artículo Gobierno y oposición editado en febrero de 2007 en redacción popular 1 .
La otra fuerza política de alcance nacional es un cadáver insepulto (la Unión Cívica Radical, U.C.R.) y despide los tufillos tan propios de su condición. De modo que Kirchner sería peor que ingenuo si no aprovechase su brillo y centralidad en la política argentina para volcar la fuerza del P.J. para su construcción. Además, semejante vuelco se verifica luego de haber volcado recursos ingentes y esfuerzos militantes ciertamente abnegados en construcciones por fuera del Pejotismo que rindieron muy escasos frutos políticos, organizativos y electorales, para peor. Por otra parte, con personas, agrupaciones políticas y fuerzas sociales que sudan moral se pueden hacer muchas cosas, pero no gobernar la nave del país y conducirla a buen puerto.
2) Otra finalidad residen en aislar y debilitar a adversarios externos al gobierno (Mauricio Macri), internos a los espacios gubernamentales (Daniel Scioli), o dentro del peronismo (Eduardo Duhalde, entre otros). El macrocéfalo ex vicepresidente, ex gobernador, ex senador y ex presidente debió aceptar de antemano su nueva derrota frente al patagónico que lo venció una y otra vez y conformarse con provocadoras declaraciones contra la primera mandataria; en las que ponía en duda la aptitud para gobernar de la señora Fernández. Pero se trato más de un berrinche histérico y despechado, que de la posibilidad de gestar una maniobra política firme en búsqueda de la desestabilización de Kristina. Por otra parte, la derecha tiene ya otros ídolos, referentes y esperanzas más importantes que un Duhalde; alguien que desea permanecer en el candelero; más por narcisismo (senil) que por auténticas posibilidades de accionar influyentemente. Desde el punto de vista político es un occiso. Vista la cuestión desde el ángulo humano, le deseamos larga vida para que juegue rodeado de sus nietitos.
3) El acuerdo configura claramente un intento de seducir a los votantes de clase media que optaron por Lavagna en octubre del 2007. Cuantos se han visto atraídos y que cantidad resultó refractaria será cuestión para el análisis politicológico y encuestadoril futuro. Si sólo el 10% de los votantes de U.N.A. modifica su posición, parte de los objetivos serán cumplidos con creces en la actual etapa. Atraer la mayor parte de capas intermedias enemigas del proyecto k es por cierto un desafío y la acción que comentamos configura un intento para comenzar a revertir el relativo desprestigio de la pareja presidencial.
4) La figura de Lavagna implica, sin dudas, un contrapeso caracterizado por su elegancia florentina en un P.J que fatalmente mostrará su (clásico) desfile de rostros y prácticas impresentables, conforme a sus peores tradiciones. Si el citado contrapeso es sólo cosmético o avanza en un sentido profundamente estético será tema de resolución futura.
5) El acuerdo se verificó- además- en el marco de un verdadero cambio cultural caracterizado por la (re)inserción del peronismo en la internacional socialista y el retorno de la Argentina al movimiento de países del tercer mundo. El hecho que la misma fuerza política- que supo construir en los '40 y '50 una sociedad integrada y un estado benefactor-. hayase afiliado, durante los años '90, al conglomerado internacional conservador es difícil de entender, pero no configura un misterio indescifrable. De hecho, tal mutación se verificó en el contexto de una verdadera oleada universal neoliberal, al punto que no sólo hubo auge de gobiernos derechistas; si no que muchos de signo socialdemócrata arriaron diversas banderas históricas. Para no caer en gorilismos absurdos e inconducentes, es preciso reconocer que no sólo en el P.J; en muchas fuerzas políticas si no en todas, quién gana la conducción maneja a piacere la maquinaria partidaria. Lo dicho tal vez sea más acentuado en la fuerza creada por Perón; pero parece común a casi todos los partidos. Por otra parte, la movida realizada en tiempos menemistas alejando a la Argentina del bloque de países pobres- so pretexto que se trata de una configuración nacional "primernundista"- ya deja de ser parte del análisis polítológico para caer bajo los dominios de la psiquiatría. De modo que la hegemonía cultural Kirchnerista enaltece al P.J y al país.
6) Por último, Néstor Kichner se coloca claramente en el centro del escenario político y reduce a la oposición a la condición de comentarista- entre histérica y plañidera- de las movidas del ex presidente y de aves de rapiña cuya única condición para avanzar en el candelero político resulta del hecho que los infortunios populares se agraven sin cesar. De allí que deban redoblar el parche incesantemente acerca de inflación, inseguridad y crisis energética; ya que el profundo vacío de sus propuestas, de otro modo, quedaría expuesto en toda su impúdica y radiante desnudez.
Crítica de la (ir)racionalidad gorila
El punto de partida del análisis esta sintetizado en el epígrafe de José Pablo Feinman trascripto en el comienzo del presente artículo. No existe mejor plasmación- al menos, en lo inmediato- de los intereses del pueblo argentino que la (aún inacabada) posibilidad de crear un estado con fuerte capacidad de intervención social, para profundizar el rumbo productivo de la economía y moderar los efectos más graves de la desigualdad social. En la medida que se vaya concretando tal proyecto, seguramente la correlación de fuerzas entre las clases permitiría avanzar más a favor de las fuerzas populares. Semejante formación estatal es la única herramienta en condiciones de ponerle límites a los oligopolios que se enseñorean con los recursos productivos y naturales del país y lucran con las necesidades populares. Y de negociar con mínimas condiciones de dignidad frente a los grandes poderes globalizados. Nada casualmente la reacción neoliberal procedió a demoler la capacidad de interdicción estatal, antes que nada. La comprensión de las coordenadas enunciadas es vital, ya que a la luz de lo dicho, la oposición de Fernando Solanas no resulta gorila; ya que fustiga al oficialismo por sus inconsecuencias de cara a realizar plena y consecuentemente el proyecto nacional. Y por cierto y sin agotar los ejemplos, la coalición cínica de Carrió, o la mayoría de la Unión Cívica Radical (U.C.R.), o el neoliberalismo P.R.O.(cesista) MACRISTA de tan antipopulares que resultan se desplazan entre las lianas. El planteo programático derechista expresado en la reivindicación de la república es un hipócrita y poco seductor proyecto en el cual permanecen intocadas e intocables las coordenadas que favorecen al verdadero poder. Así la denuncia exclusiva y excluyente de la corrupción muestra su doble finalidad, a saber:
a) Difundir la falsa percepción, tan cara y funcional a las fuerzas del privilegio, consistente en creer que las peores lacras del sistema actual se deben a manejos irregulares e ilegales; y no a la lógica propia del capitalismo dependiente que vivimos, la cual es la verdadera causante y responsable de los infortunios populares.
b) La permanente denuncia por- reales o supuestos- negociados tiene por finalidad central no perseguir la honestidad y transparencia en la gestión; si no más bien ilegitimar la creación de un estado con la capacidad de intervención que ha señalado Feimann.
Para no fatigar en exceso al lector, lo remitimos a un texto previo en el que ya hemos desarrollado la temática precedente: redacción popular 2 .
Pero siempre se agregan contenidos nuevos, que no modifican lo esencial de la caracterización que hemos realizado. Nuestros republicudos de pacotilla no dijeron ni media palabra acerca de la insólita y medieval negativa vaticana a conceder el placet de rigor al nuevo embajador argentino en la ¿santa? sede. La preeminencia del estado laico y la ley civil; frente al feudal y retrogrado ordenamiento jurídico y político religioso es un pilar en la verdadera tradición liberal y republicana. Pero para nuestros truchos defensores de las instituciones la única libertad que merece la pena es la de precios y el derecho de los ciudadanos argentinos a vivir en un estado laico queda para las calendas griegas (¿o romanas?).
En realidad, con el discurso opositor se verifica una nueva vuelta de tuerca a la zoopolítica; en razón de tratarse de estrambóticos rebuznos contra el "autoritarismo" gubernamental y un supuesto proyecto de partido único. No se conoce ningún intento tendiente a aprobar una ley que proscribiera a los demás partidos políticos. Tampoco decreto. ¿De que partido único hablan? Todas las fuerzas políticas mencionadas tienen sus locales legales, están muy lejos de actuar en la clandestinidad, acceden profusamente a los medios de comunicación, se reúnen públicamente en cuanto sitio desearen, no sufren persecución policial alguna. Curioso proyecto autoritario de partido único es el gobernante entonces. Es que para sacar patente de democrático. ¿El Frente para la Victoria debería regalarle votos, espacios políticos, militantes y recursos a la raquítica oposición? En rigor, la letanía del partido único no pasa de ser un hipócrita lamento de la oposición tendiente a no realizar la correspondiente autocrítica por causa de su miseria político-electoral. Por otra parte, se puede argüir muchas cuestiones acerca del peronismo, pero no que se trate de una pléyade de buenudos; como para obsequiarle a los opositores la figuración que no pueden construir por si mismos….
En tren de seguir refriéndonos a los rebuznos u aullidos gorilas, comencemos por el análisis de los hipócritas lamentos de viuda apesadumbrada prorrumpidos por los restos mortales de la fuerza creada a fines del siglo XIX por Lenadro N. Alem e Hipólito Irigoyen. Es sabido que Lavagna se presentó como mascarón de proa del decrépito partido en octubre del 2007. No habían pasado ni dos días, ni siquiera había finalizado el escrutinio definitivo, y los radicales (habiendo logrado su objetivo de no presentar un candidato boina blanca al comicio, con lo cual su cosecha de sitios legislativos hubiera sido sin dudas menor) abandonaron presurosamente la coalición U.N.A. De modo tal que el llanto radical por el salto del atildado economista- quien busca su supervivencia política y en rigor no tenía otra opción- semeja la actitud del esposo mujeriego que no se priva de refocilarse con cuanta mujer deseare, pero se indigna en caso de enterarse que la suya cometió un desliz. Para no reiterarnos en los escritos ya desplegados en tiempos previos, quien desee consultarlos puede hacerlo desde: redacción popular 3.
La doctora Carrió y sus secuaces (seguidores) parecen esmerarse en concursar por un cetro de campeones mundiales de gorilismo. En rigor, encontró su nicho electoral en la opinión cerradamente antiperonista y machaca para construir desde allí. Es sabido que un paradigma del discurso gorila fue el occiso y fusilador almirante Isaac Francisco Rojas. El mencionado era autor o difusor de una idea que podría parecer cándidamente ingenua; si no fuera en realidad groseramente siniestra: la creencia que el pueblo argentino había sido engañado por el "demagógico" Perón y que la llamada revolución libertadora vendría a emancipar a nuestro pueblo de tamaña tiranía. Los trabajadores- no obstante- no desearon jamás la supuesta liberación y el peronismo continúa siendo su opción preferencial; pese a que en caso que los sujetos subalternos avizorasen otras opciones, podrían contemplarlas, analizarlas, hacerlas suyas. Como puede ver cualquier lector, no otra es la raíz de la idea carrioista que el pueblo no es libre, ya que se halla esclavizado por los planes sociales implícitos en las prácticas del clientelismo. Un elitismo sin fundamentos reales (¿de donde sacó su supuesta superioridad intelectual Carrió, si es apenas expresión del pensamiento más vulgar?) unido al supino desprecio por los verdaderos sentimientos de los sectores populares le vedan comprender que la gestión de Kirchner- si bien utilizó los mecanismos clientelares- basa su popularidad en el hecho que arbitró todos los mecanismos para lograr una mejoría sostenida del nivel de vida popular. Además, el uso de la dadiva fue en constante decrecimiento durante la etapa 2003-2007. Y por todas las razones señaladas, los antaño llamados descamisados o cabecitas negras le otorgaron en las legislativas del 2005 y la presidencial del 2007 un respaldo casi unánime. Una curiosa variante del conocido gorilismo carrioiano lo constituye su reivindicación (retórica) de la figura de Evita. ¿Acaso no es dable imaginar que cada vez que nombra a la segunda esposa del general debe hacer los cuernos o cruzar los dedos, bajo la mesa? Pero además, lo fundamental es destacar que se trata de una Eva muerta de contenido sustancial, por fuera de su relación con el proyecto y la figura de Perón, una especie de señora gorda equivocada. No hay dudas que se trata de una mentira y una hipocresía más; algo así como la actitud de los nazis que- para ocultar vergonzantemente su condición de tales- afirman tener un amigo judío.
La autogenerada fama de Carrió (consistente en exhibir capacidad académica) sucumbe frente a un mínimo análisis de sus discursos. No sólo muestra ignorancia insalvable en las ciencias sociales, también parece haber reprobado cursos elementales de aritmética. Recordemos que hace casi dos años denunciaba a Kirchner por nazismo. Transcurrido semejante tiempo de su denuncia; en caso de ser cierta, debería haber marchado al exilio so pena de que la "soldadesca kirchneriana" le hiciese perder la vida luego de horribles tormentos. Pero no. Sale del país para retozar cual grácil hipopótamo en Punta del Este y sus regresos no se dan precisamente en la clandestinidad, como ocurría con quienes realmente resistían a la auténtica barbarie nazi o fascista. Sería bueno que Carrió cotejase sus ideas en tal sentido con historiadores realmente conocedores de la temática de marras, como el británico Ian Kershaw, por citar sólo un ejemplo. Por nuestra parte, hemos analizado críticamente con cierto detalle el fenómeno recién comentado del epíteto de nazi lanzado oportunamente contra Kirchner en un texto al que remitimos al lector interesado: rebanadas de la realidad.
Pero el hecho de ignorar de modo torpe y patético la historia, la sociología y las ciencias políticas no le impide saber realizar aunque sea muy simples sumas aritméticas. No obstante, tampoco se logra esta mínima cuestión. Analizando la marcha del nuevo gobierno durante su primer mes suma cuestiones que no pueden adicionarse de modo simple y directo. Acusa a la nueva presidente de realizar un ajuste sin precedentes y argumenta para ello de modo falaz y embustero. Coloca los aumentos en los servicios públicos como algo que disminuye el poder adquisitivo popular. Cosa relativamente cierta, pero no toma en cuenta la resistencia desplegada por Kirchner contra tales incrementos, así como contra los que solicitaban las empresas de servicios públicos. No era lo mismo que se dieran los cambios tarifarios en lo peor de la crisis, que ya verificada parte de la recuperación salarial y de las capas medias. Y a continuación agrega las retenciones, ocultando aviesamente que sin las mencionadas imposiciones los alimentos serían mucho más caros; produciéndose en caso de suprimirse semejantes gabelas una hecatombe contra el consumo. Muestra así Carrió su dependencia conceptual y cultural de la oligarquía vacuna, al modo que ya hablaba Arturo Jauretche desde hace más de medio siglo. Sintetizando, sumar una medida que favorece al pueblo (las retenciones) con una que lo perjudica es un modo de agitar, además de deplorable, carente de idoneidad científica. Los alimentos muestran en todo el orbe una tendencia alcista y el gobierno nacional ha desplegado mecanismos para moderar tal situación. Entre los terratenientes (opuestos a las retenciones) y el ejecutivo que desea que los consumidores no paguen por los bifes el mismo precio que en los supermercados europeos, la opción de Carrió la ubica indubitablemente en el bando de los enemigos del pueblo. Nada casualmente declaró que la única oligarquía que conoce es la dirigencia política que- en su opinión- vació el país. En este caso, ocultar la propia existencia de una clase social es nada más que un modo vil de hacer su apología. Además, su persistencia en pedir una reducción del crecimiento económico y el consumo (bajar la demanda) la coloca invariablemente en el campo cultural de los neoliberales, partidarios de "enfriar" la economía como modo de reducir la inflación. ¿De que modo disminuiría la pobreza si la economía decrece? No lo dice la paquidérmica republicana, pero seguramente debe pensar en apoteosis morales, rezos grupales y homilías del cardenal Bergoglio. Conclusión: si postula para resolver la inflación las mismas recetas térmico-climatológicas (enfriar la economía) que los economistas neoliberales, su proyecto es tan enemigo del pueblo como el de los citados intelectuales orgánicos al servicio del imperialismo.
Por otra parte, la intención de Carrió de disolver la figura e importancia política de la actual presidente muestra una nada casual sintonía y afinidad con las fuerzas más reaccionarias y golpistas de la historia política argentina. Para peor, presentando como muestra de objetividad, lo que no es más que la pretensión de la peor derecha de instalar la percepción de un supuesto vacío de poder. Así lo afirmó frente a un complacido Joaquín Morales Solá, subrayando la condición de objetivo de su análisis y culpando a Kirchner de lo que no es más que una pretensión subjetiva de las fuerzas reaccionarias. Por fortuna, la imagen positiva presidencial crece y en un mundo aquejado por las turbulencias económicas externas, en la Argentina parecemos estar aislados relativamente de la crisis. Lo cual es atribuible en gran medida al modelo productivo implementado luego de la devaluación del 2002. Por otra parte, nunca está demás recordar que cuando existían situaciones de debilidad del ejecutivo (vacíos de poder), las tribulaciones económicas populares se agravaban. De modo que la pretensión de instalar dicha situación no es más que una de las tantas medidas de la construcción política urdida por la derecha para bloquear, paralizar y derrotar al proyecto nacional y popular. Y el hecho que Carrió lo amplifique no es casualidad permanente, es complicidad con la peor derecha, sin más.
La infrascripta pretende colocarse en el sitio de única opositora. Como los partidarios, seguidores, militantes y referentes del proyecto nacional no somos ni autoritarios ni adoradores del partido único, no le negamos su derecho a oponerse al movimiento de reconstitución de la nacionalidad que recibió el 45 % de los votos hace menos de seis meses. Ni tampoco a una eventual autoreivindicación de su merecida condición de "Gran Gorila". Lo que no es justo es que pretendiere ningunear a otras variantes opositoras, como la de Macri o Binner, que pueden construir política a favor que gobiernan distritos importantes y/o carecen de la capacidad diatrogénica de la ex dirigente del A.R.I.
Antes de analizar las bases sociales y culturales del gorilismo actual nos referiremos a algunas declaraciones de una puntera estratégica de la coalición cínica: Patricia Bullrich Luro Pueyrredón. Ex militante de la llamada tendencia revolucionaria del peronismo, cuando el justicialismo mudó casi en bloque sus posturas hacia los programas, pautas y valores de la derecha neoliberal, asumió sin cortapisas la defensa incondicional del poder económico, desde diversas posturas político-ideológicas. Fue Menemista, Cavallista, De La Ruista y ahora es Carrioista. Lo común de tales posiciones es su odio feroz a la verdadera democracia y al propio pueblo; al que desea ver sometido por entero a los poderes globalizados. Todas sus declaraciones están tomadas de un reportaje que concedió al matutino Página 12 del 16 de febrero del 2007.
"Kirchner instrumenta un PJ como herramienta de consolidación del poder". Curiosa crítica, pero nada inocente. Si se escarnece lo propio y natural del juego político (la búsqueda del poder); será difícil la construcción de un estado que pudiere defender el nivel de vida popular de los poderes globalizados o de las turbulencias financieras internacionales. Pero las verdaderas intenciones no se limitan a paralizar la actividad política. Persiguen el extraño objetivo de hacer creer que el 22 % del electorado es más democrático que el 45 de unidades porcentuales. En su opinión: "La Argentina va hacia dos espacios muy claros: uno de la democracia participativa y el cambio contra otro de lo conservador y de la corporación." Ausente o fugada cualquier fundamento acerca de porqué la coalición cínica es democracia participativa, salvo que se considere paradigma de la referida democracia participativa al dedo demiúrgico de Carrió, "fuente de toda razón y justicia" democrática. Jamás hubo elección interna ninguna en la citada fuerza política y la participación democrática se redujo a decir genufléxamente si Lilita, frente a las arbitrariedades e imposiciones de la fundadora. Quienes no aceptasen los ukases carrióisticos, veían sus distritos intervenidos o debían salir de la coalición. Por otra parte, faltan también razones acerca de porqué una fuerza construida con un economista de la banca globalizada (Alfonso Prat Gay), una hija de empresario neoliberal (María Eugenia Estensoro), diversos jóvenes petulantes (Adrián Pérez) o una derechista contumaz (la propia Bullrich) es más avanzada que un espacio en el que participan las madres de Plaza de Mayo o hijos de desaparecido nacidos en cautiverio o parte de las organizaciones sociales que resistieron la barbarie neoliberal. Sólo desentona en la monocromía derechista de la coalición un dirigente de los desocupados de La Matanza, cuyo triste papel es disimular tanto reaccionarismo circundante (y agobiante). Por cierto que la ausencia de fundamentos se debe a que Patricia no desea polemizar y menos con sólidos argumentos. Ella está sólo para difundir el discurso dominante. Así, se manifiesta contra "la corporación". ¿Una multinacional? No, faltaba más. Se refiere al sindicalismo. Y en rigor no se trata sólo de la crítica al moyanismo (en Hugo Moyano personifica sus denuestos) o variantes similares. El objetivo es demoler toda posibilidad de resistencia colectiva por parte de los trabajadores contra las imposiciones del capital. Nada casualmente, los trabajadores que padecen el nivel de vida más deplorable son los no registrados (llamados en la Argentina "en negro"). Es decir, los que carecen de organismos colectivos que los representen desde el punto de vista económico y social. Surge claramente que los sindicatos son un- relativamente eficaz- modo apto para que los asalariados defendieren sus reivindicaciones, más allá de que efectivamente existan prácticas sumamente criticables en las organizaciones gremiales. Pero lo cierto es que la crítica de Bullrich- al intentar ilegitimar toda actividad sindical- busca tirar el agua sucia junto con el bebe y, de tal modo, conecta claramente con las necesidades de los empresarios, no ciertamente de los trabajadores. Tanto la dirigente mencionada como los empresarios beneficiados por la oleada neoliberal que soportó nuestro país en los '90 no demostraban similar antisindicalismo cuando la mayoría de la C.G.T. era cómplice del genocidio neoliberal.
En rigor a la verdad, las verdaderas divisiones que atraviesan nuestra sociedad no es sólo el formal enfrentamiento peronismo-antiperonismo, si no quienes desean crear una sociedad lo más integrada socialmente posible y quienes desean mantener o profundizar la marginalidad. Para superarla es preciso fortalecer la capacidad de intervención estatal. Nada de esto anima a Bullrich, para quién el enfrentamiento es "corrupción versus transparencia.". Ya hemos argumentado fehacientemente acerca del verdadero contenido e intenciones del discurso anticorrupción, por lo cual cerraremos nuestra breve recorrida por las posiciones de la coalición cínica- una fuerza al servicio de la difusión de las elaboraciones del poder económico- con su visión del problema inflacionario. La derecha agita constantemente la cuestión referida a los incrementos de precios de modo de invisibiilizar otras cuestiones (como la pobreza) y de confundir asimismo la comprensión del propio fenómeno inflacionario. Dice Bullrich que:
"Nos basamos en el 26 por ciento de inflación real del año pasado. Y vamos a empezar a tener un índice propio, para decirle a la población cuál es la inflación real". Lo que omite es, en principio, cual es el origen de la temida inflación; que no es otro que la oligopolización de las riquezas y el hecho que el poder económico busca por dicho mecanismo mantener su preponderancia en la puja distributiva. Por otra parte, no es lo mismo que exista inflación con recuperación de ingresos populares (lo cual es el caso del modelo actual) que sin él. O estabilidad de precios con decrecimiento económico y empobrecimiento popular, como en tiempos de la convertibilidad (1991-2002). ¿Casualmente?, un proyecto antinacional y antipopular que Bullrich aprobó y defendió a capa y espada bajo diversas adhesiones políticas a lo largo de su cambiante carrera. Conclusión, si bien los sectores populares deben tratar de mantener el poder adquisitivo de sus ingresos, la mirada central debe dirigirse a que los problemas decisivos son la desigualdad social, la pobreza, la impunidad de los crímenes del terrorismo de estado, las dificultades para la recreación de un sustantivo concepto de ciudadanía, entre otras cuestiones del mismo tipo. Y agitar numeritos inflacionarios sólo sirve para ocultar los verdaderos problemas, como los que citamos ut supra. De modo que lo central no es llorar contra la inflación, si no intentar recomponer de modo progresivo y constante los ingresos populares buscando eliminar la marginalidad que aún se enseñorea en los barrios más pobres. Por otra parte, una cuestión central es que el gobierno nacional no es el enemigo causante de la inflación (más allá de porcentuales); si no los grandes grupos económicos. Por el contrario, Carrió denuncia a la política económica actual como pro-inflacionaria, haciendo de hecho la apología de los monopolios que usan los incrementos de precios para no ceder porciones de las rentas nacionales a los trabajadores. Tales coordenadas deben guiar la percepción política popular y así lograr la más profunda recomposición del espacio nacional. La tarea central parte de colocar como prioridad decisiva que es preciso vencer a la derecha, más que a la inflación; cuestión que se nos oculta en la percepción si permitimos que la derecha designe la agenda pública.
Para finalizar el análisis desplegado, es necesario garabatear algunas impresiones acerca de la conducta de los sectores medios, que en gran medida dieron vida a la centralidad de los dos dirigentes con mayor predicamento de las derechas vernáculas: Carrió y Macri. No se trata de succionar los calcetines a veleidosos pequeño burgueses si no de guiarse por algo que resulta absolutamente claro desde hace muchos años para diversos referentes, pensadores y teóricos de la izquierda nacional: que las bases sociales del frente que articule y represente los intereses populares se hallan constituida por la necesaria alianza entre los sectores populares o clases bajas y los destacamentos de los estratos medios. Acerca de dicha temática existe una copiosa elaboración bibliográfica, por ejemplo, de Alberto Franzoia "Sobre el concepto pequeña burguesía y nuestra alianza plebeya" en: redacción popular 4 .
Cuando el frente mencionado fue más fuerte, el espacio nacional logró triunfos ostensibles. En situaciones de máximo enfrentamiento entre los sectores populares y las clases medias, la reacción se fortaleció o se impuso. Por otra parte, son conocidos los estudios clásicos (sean dichos autores tanto Carlos Marx, como Arturo Jaureteche) acerca del comportamiento temeroso vacilante y pendular de las capas medias. Nos guiaremos muy libremente por una interpretación de tales autores.
En rigor a la verdad, el problema principal para sumar fuerzas de clase media al frente nacional es que muchos de tales estratos sólo conciben una salida individual e individualista para sus problemas. Además, se posicionan casi siempre desde una mirada admirativa y no crítica frente al poder; tal vez por la expectativa latente en ellos de alcanzar posiciones dominantes. Por el contrario, la creación del frente nacional y popular o la también llamada alianza plebeya implica una clara opción por las soluciones asociativas, antes que por las salidas de corte individual. Por otra parte, predomina en dichas franjas pequeño burguesas un vicio que parece congénito; pero en realidad es inducido por la machacona repetición del discurso dominante. Se trata de congelar la mirada hacia abajo en la escala social, cuando se trata de buscar responsables a las crisis. No hay modo que se reconozca (por parte de los estamentos que analizamos) la existencia de un poder económico ubicado estratificadamente por arriba como verdadero causante de los peores problemas de la nación. Aún hoy- cuando millones de compatriotas desgarran sus vidas en agobiantes jornadas laborales- estos cínicos de clase media sentencian con lenguaje hipócritamente sabiondo que el problema del país… "es que los negros no quieren trabajar". La versión posmoderna de ese viejo discurso es la falsa e hipócrita culpabilización de los sectores pobres (particularmente los piqueteros) ideada por los medios de la derecha y asumida como propia por diversas franjas pequeño burguesas No es casual que prenda en tales segmentos la verborragia moralota, ya que si ubicamos todos los problemas en la corrupción (de los otros), funciona perfectamente como coartada para legitimar la evasión y elusión impositiva, la contratación de personal de modo ilegalmente no-registrado (en negro) entre otras tropelías, en las cuales la responsabilidad pequeño-burguesa no es menor.
Por otra parte, no puede dejar de causar gracia la supervivencia de ciertos gorilismos paleolíticos; por medio, por ejemplo, de afirmaciones muy comunes en dichos sectores del tipo de "Perón era un tirano fascista", enunciada sin mayor fundamento y en total falta de respeto por la verdad histórica. Análogo resulta la acusación de "autoritario" recibida por Kirchner. En ambos casos parecen totalmente ausentes los fundamentos mínimos de rigor y muestran la preocupante vigencia de algo decisivo: los responsables de la creación del discurso gorila- la derecha, expresión orgánica del poder económico- elabora contenidos y los segmentos de clase media no hacen más que aceptar y difundir; muy a menudo contra su propia conveniencia e intereses.
A modo de definiciones finales, extraeremos algunas conclusiones del análisis desplegado:
1) El discurso gorila es introducido en la sociedad por el bloque dominante a los efectos de gestar consenso para mantener su predominio.
2) Es favorecida su vigencia por ciertas características de las clases medias; como la búsqueda de soluciones individuales, la mirada sesgada de los problemas de la sociedad y el hiper moralismo.
3) La tarea decisiva de los sectores nacionales, populares, progresistas y revolucionarios reside en aportar a la construcción de la alianza que sustente el incipiente proceso en curso. Para ello, es preciso aislar lo más posible a los personeros del gorilismo de ayer, de hoy y de mañana y ampliar al máximo las fuerzas de clase media consustanciadas con el proyecto nacional.